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sábado, 8 de noviembre de 2014

CANTO A LA FUERZA SINDICAL. Germán Pardo García. 1902 - 1991.

Cuadro: "El trabajo es un don". Miguel O. Menassa.


CANTO A LA FUERZA SINDICAL

I

COMPAÑEROS de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
                                                                         [lo principio
convocando desde lo más rojo intenso de mi sangre a la
                                                                          muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.

Así comienzo este canto a vuestra fuerza sindical: desde
                                                                              [abajo
cual si enterrase los oscuros cimientos de una casa,
para inducirla después con lentitud hacia la altura de
                                                            [hermosos cuerpos
cargados como todas las densas formas, de potencias eléctricas.

Otros hombres más universales dirían este canto
con el nombre del sol como insignia en sus bocas, del sol
                                                                         [inagotable
que satura intensamente gusanos cosmogónicos
y enardece la rebelión de las panteras.

Mas yo, inmenso y brutal conocedor de sombras
                                                                 [demoníacas,
afiánzome al hosco polvo con tenacidad de nervios
y lanzo este himno como ardiente flor de pólvora
que desde el piso asciende al vértigo de tempestades térmicas.

II

Y os digo en nombre de las innumerables alianzas que
                                                                          [existen
entre los brazos del hombre trabajador y los sólidos seres:
ved a los armoniosos árboles confederándose
sobre el poderoso flanco del gran monte antibélico.

Ellos son el primer símbolo de esta fuerza sindical de que os
                                                                              [hablo,
contemplándola desde su nacer en la arcilla hasta su
                                                         [elevación al Cosmos,
porque también allá las estrellas únense para impulsar al
                                                                           [Universo,
enarbolado en mástil nuclear de lámparas tremendas
con su fulgir de insectos nebúlicos de oro.

Os doy este humano ejemplo de los árboles porque son
                                                                          [criaturas
que están cada vez más próximas al espíritu del hombre.
Su inminente incorporación a nuestras almas la comprendemos
al decir: más allá de la vida todos seremos árboles.

O al exclamar: estoy solo como un árbol ante la pérdida del
                                                                       [crepúsculo.

Ellos fundaron la inicial conciliación de vegetales
para defender con su auxilio al proletario parvifundio.
Al arbusto individual creciéronle otros árboles
y apareció la fronda civil llena de voces y de ruidos,
como en las plazas de las ciudades las multitudes famélicas.

Comparo este murmullo de las labiales hojas con acento de
                                                                         [palabras,
porque ellas son así: dialogantes en su idioma de verdes
                                                                     [monosílabos.
Tienen su misterioso abecedario y conocen la semántica del
                                                                             [viento,
y en elásticos alambres de raíz o esferas húmedas y azules
graban hondas inframúsicas que nosotros no escuchamos,
y las reviven al decaer la rauda tracción de la materia.

III

ESTOS sensibles bosques sociales dotados de justísimas
                                                                          [lenguas
urgen a la capacidad de mi corazón álgido y solo
para que entienda la amargura del salario miserable;
la aridez de los mineros que sacan de los cárcamos
la esclavitud de los pétreos combustibles;
la desecación de los arroyos pulmonares
por el sílice y la cal de las canteras,
y la agonía de los lívidos púgiles derrotados
por la inercia y los espectros
que atan a sus cinturas emblema falaz de campeones.


IV
ME inducen a penetrar en los talleres en que obreros
                                                                      [tipógrafos
colocan grises sílabas en planchas y molduras.
Aquí la fuerza sindical logra creciente fragor de océano

que mueve sin cesar las tubulares rotativas.

Las olas de este mar tipógrafo son páginas
de blanquísimo papel que inunda las metrópolis
y se retira semejando las mareas,
para volver a anegar las casas, las calles, los estadios,
con la velocidad de sus cronologías.

¡Qué preludio tan sublime el de los linotipos y las prensas!
¡Qué ritmo tan dinámico el de los aceitados engranajes!
¡Cuánta belleza en las ustorias lámparas y espejos de
                                                                        [aluminio
que distribuyen ecuaciones de calor y savias de sulfuro!

Aquí los árboles son discos enormes roturados
y laborables hojas su balsámica madera.
Se oye correr los ríos en cuyas márgenes llenas de tórridos
                                                                             [pájaros
crecen las plantas de donde fluye la substantiva celulosa.
Todo diluvio aquí se escucha.
Todo huracán aquí distiéndese.
El golpe de las almádenas que parten exágonos graníticos,
repercute bajo el acero de estas bóveda
donde los relámpagos tienen menor velocidad que la noticia
Aquí la ordenadora fuerza sindical es blanca república
dirigida por las sienes sinfónicas del hombre.
Y cuando las ventanas de esta fábrica impresora se abren al
                                                                    [sol y al viento,
huyen los inmortales libros como alciones
o espumas separándose de los nitrados promontorios.
Los libros inmortales
que divulgan la virilidad de las proclamas y los cantos de Píndaro.

V

ESTOS borrascosos bosques sociales me empujan a las
                                                                           [riberas
donde los sindicatos de fuertes pescadores
bruñidos por las aguas teñidas de yoduros,
viven su diaria intrepidez de cálidos tritones.
Ellos, los broncos hijos del mar, se hunden en sus tormentas
a festejar sus onomásticos bestiales,
el ímpetu naval de sus bodas
o el nacimiento de una estirpe,
cual mayorazgos ebrios que retaran
la cólera de un padre enloquecido.

Tienen tatuados mapas de las naciones navegadoras
en la escollera brusca de sus velludos pechos,
como las manchas que hay en el dorso de los marinos
                                                                      [elefantes.
En esa geografía humanizada sobre códices de músculos,
se apoya su derecho natural a la existencia.
¡Qué importa si sus hombros huelen a bacalao fétido
y a putrefactas proteínas!
¡Y qué si hay en sus calcañares cicatrices de paguros!
¡Qué importa si ellos viven bajo sindicales leyes
que en sus capítulos les cantan: al mar, al mar, al mar!

Así son estos hombres oceánidas: cambiantes de color y
                                                                      [contextura
según el mar es áspero y de cobre, o azul índigo y tranquilo.
Asociados están como los alcatraces y así pescan.
Aprendieron del mar a federarse
y caminan obedientes al corsario caudillo.
Por eso el reclamo sindical de los estibadores
tiene poder de octópodo que amarra y paraliza.
¿No habéis visto los puertos inmóviles, las barcazas
                                                                    [inmóviles,
plegados los velámenes como atáxicas plumas,
el salmón asfixiándose en las costas
y el mosto envileciéndose en las cubas?
Son los trabajadores del mar en la inacción de sus caídos
                                                                         [brazos
y en la quietud de sus sociales olas,
en tanto el viejo líder, cojo de eternidad y tuerto de
constelaciones,
la insurrección de sus obreros urde.

Sus carnívoras hembras tejedoras de redes aguzan los
                                                                       [arpones
como sus homicidas colmillos los escualos.
Nada es frágil en sus cuerpos de náuticos instintos.
Sus caderas rezuman sal como los poros esponjarios.
Sus verticales senos punzan como anémonas.
Y allá van tras de sus machos pescadores,
fieles a esa misma ley que agrupa a las corvinas,
mientras el tifón soplando roncas caracolas
y valvas de alectriones y crepídulas,
clama desesperadamente: ¡al mar, al mar, al mar!

VI

ME arrastran estos civiles aires a las puertas de los túneles
donde brigadas de mineros zapadores
exploran las sepultas galerías,
para ver que la arquitectura del planeta
se erige en arcos de esmeralda
sobre columnas de platino.
Cada vez que la piqueta cavadora da un golpe en las fosas
                                                                 [subterráneas,
aquel orbe interior es como un templo
donde resuena un órgano monumental tocado en las
                                                                         [penumbras
por la furia de un músico divino.

Allá las estalactitas licuándose parecen
pestañas de unos ojos congelados
que lloran implacables hacia adentro.
De vez en cuando fosforescencias rápidas
salidas de los cúmulos de azufre,
son antorchas que alumbran funerales
grandiosos de algún cíclope vencido.
Y si algún minero muere despedazado por las rocas,
sus compañeros con las piquetas inclinadas como a soldado
                                                                        [lo sepultan.
Y el órgano estremece las cuevas de zafiro.

La fuerza sindical de los mineros
sostiene a esas brigadas en la sombra.
Sin su puntal el mundo quedaría
como perdido cofre en que tesoros
desguarnecidos por la causticidad del mar, se pudren.
La fuerza sindical de los mineros
los saca hacia la vida de lo oscuro.
Cada gota de sangre de estos hombres
se convierte en incendios de granate.
Toda lágrima suya cristaliza.

Ellos hacen germinar energía y esperanza
en lugares condenados a ser ciegos.
Yo he descendido a las minas de carbón y contemplado
la terrible oscuridad matriz del mundo.
Esas minas se encuentran más abajo de las piedras
                                                                    [sepulcrales
y desde ahí se puede ver no el rostro sino la espalda de los
                                                                      [muertos.
Los mineros lo saben y hunden cuñas
de esperanza en las cuarteaduras delatoras,
de donde cuelgan tiras de epidermis y sudarios
como telones de una habitación en ruinas.

Si es viscoso el contacto de la muerte
sentido en superficies luminosas,
en la tiniebla de los cárcamos
es como posar los dedos sobre ofidios vomitorios
enroscados en los fósiles de hulla.

Los mineros lo saben y elevan himnos de esperanza
para alejar la angustia que presiona
y aturdir el lamento de las criptas.
Allá bajo la tierra se oye el himno más conmovedor del
                                                                           [mundo.
Son los mineros derrotando su amargura
al pie de un horizonte deletéreo,
con sus coros de arcángeles hundidos.
De pronto callan para oír que bloques bituminosos
desplómanse de arcadas y paredes,
y como exánimes cetáceos
desaparecen entre asfálticas lagunas.

VII
COMPAÑEROS de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
                                                                              [lo concluyo
convocando desde los más sombríos sótanos mineros a la muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.
En esas trincheras hondas con deformes figuras talladas en las
                                                                                       [rocas
por el desgaste persistente de los siglos
hasta esculpir cabezas que de pronto
suplican: "Dadnos rostros humanos, concluidos".
En esas naves lóbregas donde las invocaciones así comienzan:
"En el nombre del Trabajo partimos estas rocas
y por él nuestra sangre y nuestro espíritu entregamos",
allá quisiera humildemente prosternarme
con la veracidad de aquellos seres
que pasaron por la tierra desnudos o cubiertos con pieles de leones,
a ofrecer mis tributos integrales
a esta grandeza sindical que canto
no sólo en su evidencia entre los árboles,
los talleres, océanos y minas,
sino en mí porque mi cuerpo de trabajador nocturno
envuelto en una túnica de llamas
y signando con espinas de luceros el papel para escribirle
su sangre de cristal a la Hermosura,
ese cuerpo también está nutriéndose
de vetas, yacimientos y de minas;
de peces que emocionan con sus branquias
los morados silencios de que vivo;
de hormigas que me traen los acentos
sonámbulos caídos en la arena;
de cóndores idólatras que atizan
en mis sienes la claridad que necesito;
de caballos dementes que me dan el creador estrépito;
de confederaciones celulares, cual vosotros,
y alianzas con los óxidos de la sal, y servidumbres
de mi alma escorando hacia el olvido.


Germán Pardo García
1902

martes, 30 de septiembre de 2014

Las 2001 Noches. Revista de Poesía, Aforismos, Frescores. Nº 146.

Las 2001 noches. Nº 146
Revista de Poesía, Aforismos, Frescores.
Una de las revistas de poesía de mayor tirada del mundo.
 Todos los meses, una selección de la mejor poesía.


miércoles, 5 de febrero de 2014

A LOS HOMBRES FUTUROS. Bertolt Brecht.

A los hombres futuros

1

Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,
                                                    [estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

2

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.

Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.


BERTOLT BRECHT
10/02/1898

sábado, 19 de septiembre de 2009

Las 2001 Noches en La Noche en Blanco. Madrid 2009

El psicoanálisis tiene una propuesta muy interesante sobre la cultura. Hay que recordar a los surrealistas, que en el siglo pasado irrumpieron con sus propuestas innovadoras sobre el arte y que marcaron decisivamente el siglo XX, desde la pintura, la poesía, la escritura y todas las artes. Está todavía en nuestras retinas el espectáculo visual de la pintura que traía Dalí, Magritte y tantos otros, así como las increíbles combinaciones de palabras, sonoridades que antes jamás habíamos escuchado.
El Grupo Cero, situado desde otra posición y, trabajando desde hace más de 30 años en Madrid, constituye todo un movimiento científico cultural con una propuesta muy innovadora.: poesía y psicoanálisis, cada una en su lugar, pero también en cada acto. Cultura sí, pero también salud.
El surrealismo y el Grupo Cero son los dos movimientos, que, después de la producción del concepto de inconsciente, producido gracias al insigne trabajo de Sigmund Freud, han utilizado en su quehacer el psicoanálisis y la poesía, o mejor dicho, han sido ellos mismos utilizados por la propia poesía y el psicoanálisis, para producir un discurso que no para de ser novedoso y que sorprende por su frescura y vitalidad en este comienzo de siglo y, (impresiona decirlo), de milenio, toda una aventura del pensamiento puesta en escena a través de las múltiples vertientes de la creación.
Y este acontecimiento se está realizando, en lengua castellana, en nuestra amada Madrid, por una Institución que lleva trabajando, tanto en la salud mental, como en el campo de la cultura: el Grupo Cero y su Director, el Dr. Miguel Oscar Menassa, médico y psicoanalista.
Menassa es clara muestra de lo que es el Grupo Cero. Además de su trabajo como médico y psicoanalista, es pintor, poeta, director de cine, guionista, escritor de canciones, editor, . .. Un hombre entregado a la poesía y al psicoanálisis, como lo testimonia su numerosa escritura y la diversidad de sus obras. En esta fecha, coincide su 69 cumpleaños con la realización de LA NOCHE EN BLANCO. Muchas Felicidades! Y que esta noche, Madrid disfrute de la cultura.

sábado, 13 de junio de 2009

LAS 2001 NOCHES EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

El sábado 13 de junio, a las 20 hs. en la Feria del Libro de Madrid, se va a festejar el número 100 de la revista de poesía LAS 2001 NOCHES. Madrid ha sido la cuna de nacimiento de esta revista que en 12 años llegó en enero de 2009 al número 100, todo un acontecimiento en la historia de las revistas de poesía en el mundo. Vicente Huidobro junto a Pablo de Rohka fundaron la revista Azul, que llegó a su tercer número. El siglo pasado fue pródigo en revistas, así el ultraísmo, la generación del 27, la generación de posguerra, produjeron diversas revistas que están en la memoria de la lengua.

Lo que implica la publicación, hacer pública, difundir la poesía es una idea en sí misma, parte de un pensamiento sobre la poesía, la creación y el quehacer poético. Y en una Escuela de Poesía y Psicoanálisis, sobre una idea de lo que es la salud mental de la población y de lo que es la formación de los psicoanalistas. Pero Las 2001 Noches es más que todo eso, más que todo lo que podamos decir de ella. Si se conoce al Grupo Cero, este movimiento científico cultural, que después del surrealismo, parte del psicoanálisis y de la poesía en todas sus producciones, se dimensionará verdaderamente lo que supone esta publicación y haber llegado a sus primeros 100 números. En el Grupo Cero se sabe, y por eso se persevera en el invento.

A partir del número 100, se puede seguir disfrutando toda ella en la red. Y ya va por el número 104.

Madrid es más culta y más civilizada desde que habita en ella Las 2001 Noches. Desde Madrid, al mundo, en lengua castellana…

Felicitaciones a todos los que con su trabajo, esfuerzo, deseo y dinero han producido este acontecimiento poético.


En directo: El sábado 13 de junio, a las 20 hs. (hora española) retransmitimos en directo la celebración del número cien de la revista de poesía "Las 2001 Noches". Desde la Feria del Libro de Madrid. Televisión Grupo Cero.

Para poder verlo hay que acceder a la siguiente dirección: www.helloworld.com/grupocero.

Una vez en la página hay que pinchar donde pone Live! (situado arriba, a la derecha de la página.

Una vez que se abre pulsar Play.