La oscuridad no era tal, sólo era el efecto de mis ojos cerrados, el estruendo infernal que me dejaba sorda tampoco era una entidad, sólo era el ruido de mi boca cerrada, y el malestar corporal no era sino la ausencia de los contornos de mi cuerpo. ¡Habla -dijo S.F.- y se hizo la luz! ¡Escribe -dijo M.O.M.- y se hizo la vida!
Credo del libro Yo pecador
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